En el confín occidental de la provincia de Burgos, abrazada por el Parque Natural de Valderejo, encuentras la colegiata de Valpuesta.
Este edificio, en honor a la virgen de Santa María, no es solo una joya del patrimonio español; es el epicentro de un seísmo cultural.
Para el viajero, es una parada obligatoria; para el arquitecto y el historiador, es un palimpsesto donde cada sillar narra la supervivencia de un reino y el nacimiento de una lengua.

Un origen épico: la sede episcopal que desafió al tiempo
La historia institucional de Valpuesta es una de las más fascinantes de la Alta Edad Media. Su creación no fue casual, sino una respuesta estratégica a la invasión musulmana. Al quedar suprimidas las antiguas sedes de Oca, Osma, Palencia y Calahorra, surgió la necesidad de un nuevo centro de control espiritual y territorial.
Según el controvertido documento del 18 de diciembre de 804, el obispo Juan llegó a este valle en tiempos de Alfonso II de Oviedo. Allí encontró una iglesia dedicada a Santa María, «abandonada y medio destruida», que tras las necesarias reparaciones puso de nuevo en funcionamiento. Aquel acto de presura (toma de posesión de tierras abandonadas) no solo restauró muros, sino que instaló pobladores y devolvió el cultivo a la tierra.
Junto a Santa María, el obispo halló otras iglesias dedicadas a San Cosme y San Damián, San Esteban, San Cipriano, San Juan, San Pedro y San Pablo, y San Caprasio.
Aunque la historiografía moderna, tras investigaciones de expertos como Gonzalo Martínez Díez, considera estos documentos fundacionales como redacciones posteriores (siglo XII), la realidad documental es sólida: el primer obispo fuera de toda duda es Felmiro, quien firma en el año 881. La diócesis de Valpuesta fue, durante siglos, la continuación legítima de la de Oca, extendiendo su poder por el norte de Burgos, Santander, Álava y Vizcaya.
Arquitectura de transición en la Colegiata de Valpuesta
Como arquitecto, observar la Colegiata de Valpuesta es asistir a una lección de evolución estructural. El edificio que hoy admiramos es el resultado de siglos de ampliaciones y restauraciones que han sepultado y, a la vez, honrado el primitivo cenobio del siglo IX.
La tipología de las bóvedas: ingeniería gótica estrellada
El techo de la colegiata es un tratado de geometría aplicada. La nave principal nos presenta una transición técnica desde el gótico maduro hacia el renacimiento. Tras la secularización del cabildo en el siglo XIII (bajo el arcediano Hilario), el templo se adaptó a una escala más ambiciosa.
Las bóvedas son mayoritariamente de crucería estrellada. Los nervios no solo cumplen una función estructural de descarga de pesos hacia los contrafuertes externos, sino que forman dibujos geométricos (terceletes y ligaduras) que simbolizan el orden del cosmos.
Las claves de bóveda, ricamente decoradas, actúan como el nexo donde convergen las tensiones de los arcos apuntados, permitiendo que el espacio gane en diafanidad y altura, rompiendo con la oscuridad del románico anterior.
El altar mayor y el presbiterio: el escenario de la luz
El presbiterio es el corazón teológico y visual de la colegiata. Su cabecera poligonal permite una iluminación dinámica.
El altar mayor está presidido por un retablo que funciona como un «catecismo de madera», una obra maestra de la narración sacra. Estructuralmente, esta zona se asienta sobre lo que probablemente fue la cabecera de la iglesia que Felmiro consagró en el 881. Los capiteles que sostienen los nervios conservan rastros de policromía, recordándonos que el gótico era, ante todo, una explosión de color y luz dirigida hacia la divinidad.
Rincones que cuentan historias: el claustro y los sepulcros
La colegiata de Valpuesta esconde espacios donde la vida cotidiana de los canónigos quedó grabada en el sillar.
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El Claustro: Es el lugar donde mejor se percibe la esencia de la regula sancta. Originalmente vinculado al monacato pactual de San Fructuoso, sus galerías eran el espacio de meditación de los clerici regulantes. Aunque fragmentado tras el Concordato de 1851, el claustro conserva una melancolía arquitectónica única, con arquerías de una sobriedad que invita al recogimiento.
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Los Sepulcros: Valpuesta es un panteón de la élite eclesiástica. Encontramos sepulcros de arcedianos situados bajo arcosolios, con efigies yacentes talladas con un realismo sobrecogedor. Estos monumentos fúnebres nos permiten estudiar la evolución de la heráldica y la indumentaria litúrgica desde el siglo XIV al XVI.
La conexión internacional: de Valpuesta al Vaticano
A pesar de perder la categoría de obispado en 1088 (en favor de Burgos), el arcedianato de Valpuesta gozó de un prestigio internacional inaudito. Fue una «dignidad» tan codiciada que atrajo a las figuras más poderosas de la cristiandad:
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Papas: Tanto Alejandro VI (Rodrigo Borgia) como Adriano VI ostentaron el cargo de arcedianos de Valpuesta.
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Cardenales: Figuras de la talla de Alonso y Gil Carrillo de Albornoz gestionaron sus rentas.
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Jurisdicción: Su poder se extendía desde Miranda de Ebro y Frías hasta el mar, abarcando las Encartaciones, Laredo y la Merindad de Trasmiera.
Caminar por la colegiata de Valpuesta es caminar por un nodo de poder que conectaba un valle burgalés con los despachos de la Santa Sede.
El valor archivístico: el origen de nuestra lengua
Aunque este texto se centra en la piedra, es imposible obviar que Valpuesta es el hogar de los Cartularios (Becerro Gótico y Galicano).
Historiadores como Enrique Flórez, Zacarías García Villada o Saturnino Ruiz de Loizaga han dedicado sus vidas a estudiar estos documentos. En ellos, mientras los monjes intentaban escribir en latín, el habla cotidiana —el romance— se filtraba en el pergamino.
Palabras datadas en el siglo IX confirman que aquí el castellano dio sus primeros pasos, mucho antes de lo que se creía tradicionalmente.
Por qué visitar Valpuesta hoy
Visitar la colegiata de Santa María de Valpuesta es un acto de resistencia cultural. Es elegir la autenticidad frente al turismo de masas. Es entrar en un edificio que ha sido monasterio pactual, sede episcopal, arcedianato de papas y, hoy, iglesia parroquial restaurada.
Su entorno, el valle de Valdegovía, ofrece una experiencia sensorial completa: el silencio del Parque Natural de Valderejo, la potencia de la arquitectura gótica y el peso de una historia que comenzó hace más de 1.200 años. Y los montes Obarenes ofrecen otro gran parque natural, donde el pasto de Valderejo se cambia por hipnóticos bosques y rutas habilitadas para el disfrute de caminantes y amantes de la bicicleta.
Si buscas la raíz de Castilla, la elegancia del gótico estrellado y el eco de los papas en un entorno natural virgen, Valpuesta es tu próximo destino.
PREGUNTAS FRECUENTES
Colegiata de Valpuesta: 40 Preguntas Frecuentes (Guía Completa)
Se sitúa en la pequeña localidad de Valpuesta, perteneciente al municipio de Berberana, en la provincia de Burgos (Castilla y León), aunque geográficamente se adentra en el valle de Valdegovía (Álava).
Es reconocida mundialmente por albergar los Cartularios de Valpuesta, documentos que contienen los primeros vestigios escritos de la lengua castellana, anteriores incluso a las Glosas Emilianenses.
Es una Colegiata. Históricamente fue sede episcopal (obispado), lo que explica su grandiosidad arquitectónica en un pueblo tan pequeño.
El concepto cuna puede ser una forma creativa de expresarse. Los primeros escritos que se conocen con rasgos de la lengua castellana son los cartularios de Valpuesta. Los expertos de la Real Academia Española (RAE) han avalado que los términos encontrados en sus documentos del siglo IX son los primeros balbuceos del castellano diferenciándose del latín.
Sí, la Colegiata está declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Monumento, lo que garantiza su protección y conservación.
Es un magnífico ejemplo del estilo Gótico, aunque conserva vestigios de su pasado románico y añadidos renacentistas.
El origen se remonta al año 804, con la fundación de un monasterio y sede episcopal por parte del obispo Juan.
Fue el fundador de la sede. Se cree que huyó de la invasión musulmana y estableció en este valle protegido la sede de Valpuesta.
En el siglo IX, esta zona era una «tierra de nadie» o frontera protegida por montañas, ideal para reorganizar la reconquista religiosa y política frente al avance musulmán.
Mantuvo su estatus de diócesis hasta el año 1087, momento en el que la sede se trasladó a Burgos, pasando Valpuesta a ser una Colegiata (regida por un cabildo de canónigos).
Aunque no está en el «Camino Francés» principal, fue un punto neurálgico en las rutas de peregrinación primitivas y en las conexiones comerciales del norte peninsular.
Es un magnífico ejemplo del estilo Gótico, aunque conserva vestigios de su pasado románico y añadidos renacentistas.
Su portada es gótica, con arquivoltas decoradas con iconografía vegetal y figuras, mostrando la importancia que tuvo el templo.
Es una joya del Renacimiento (siglo XVI), obra de los maestros Felipe Vigarny y Diego de Siloé (o su círculo), dedicado a la vida de la Virgen y la Pasión de Cristo.
La Colegiata posee un conjunto de vidrieras de gran valor, algunas de las cuales han sido restauradas recientemente, aportando una luz mística al interior.
El claustro actual es más austero y posterior a la época medieval, pero es un espacio de paz que conecta las diferentes dependencias capitulares.
Sí, se conservan tallas de gran valor, como alguna imagen de la Virgen, que denotan la antigüedad del culto en el lugar.
La colegiata suele estar cerrada si no hay culto. La visita depende de la voluntad de algún vecino, porque la llave siempre está en el pueblo. Pregunta por Julio Camín, es tu mejor opción.
No. Puedes tratar de contactar con alguien que te abra y explique la iglesia. Depende de la voluntad de los vecinos, al ser un templo cerrado. Pregunta por Julio Camín, es tu mejor opción.
Nada. Cero euros. Generalmente te pedirán un donativo para el mantenimiento del templo. No es obligatorio. Pero te garantizo que si quien te lo pide es Julio Camín, el dinero se destina a aquello para lo que te lo piden (mantenimiento del templo).
El acceso principal puede presenta limitaciones arquitectónicas históricas (escalones). Se han hecho esfuerzos para mejorar la accesibilidad en ciertas áreas.
Primavera y verano son ideales por el clima y la mayor disponibilidad de horarios de apertura. Pero siempre es un buen momento para visitar la Colegiata de Valpuesta
Se mantiene el culto religioso intermitente. Depende de las voluntades.
Sí, Valpuesta es un pueblo pequeño y verás un parking enorme en la entrada. Sin problema.
Por norma general sí se pueden hacer fotos en el interior de la colegiata de Valpuesta.
En Valpuesta tienes un restaurante fantástico: Los Canónigos. Pero si quieres comer en Los Canónigos tienes que reservar con muhco tiempo. En localidades cercanas como Espejo, Villanueva de Valdegovía o Berberana hay restaurantes de comida castellana y vasca.
Porque es un viaje a los orígenes. No solo verás arte gótico de primer nivel, sino que pisarás el mismo suelo donde se escribieron las primeras palabras de un idioma que hoy hablan casi 600 millones de personas.




