Artículo publicado por El Correo, el 1/02/2010
Estos edificios ahora en desuso fueron de vital importancia para el sustento del hombre
SOCIEDAD LANDAZURI. Ayudados en su mayor parte por otro excelente libro de los que denomino de la memoria, trabajado afanosamente por Carlos Martín, traemos del recuerdo o del pasado unos edificios en desuso que fueron de vital importancia para el sustento del hombre: los molinos o ruedas.
Dos fueron los tipos de edificios hidráulicos que también se construyeron en Valdegobia: la rueda o aceña y el molino. La diferencia estaba en la horizontalidad o verticalidad del eje, prevaleciendo en nuestros días el del molino.
La pieza motora de la rueda o aceña era la cinta, que consistía en una gran rueda de madera, provista de paletas o cangilones a su alrededor capaces de ofrecer resistencia al agua y girar sobre su eje. Una sola cinta podía mover dos pares de piedras.
En el molino, el movimiento circular se transmite a la piedra volandera directamente y se obtiene al golpear el agua en el rodete. El edificio consta de presa, canal, edificio y desagüe. Los molinos eran, en su mayor parte, exentos -sin casa habituación-, aunque también había casas molino y molinos industriales, como el molino ferrería de Villanañe.
Los molinos alaveses con más de dos pares de muelas han sido pocos. En Valdegobía únicamente tuvieron tres pares de muelas el molino de Espejo y el de la Venta del Monte, en Villanañe.
El más antiguo de Valdegobia, atendiendo a su año de construcción y de la que se tiene constancia, es el de Campujo, en la localidad de Caranca. Lo construyó su concejo en 1.569. El más moderno es el de Barrio, levantado también por su concejo en 1.858, aunque la primera noticia que tenemos de molinos en Valdegobía la recoge el Cartulario de Valpuesta y se menciona un molino en Bóveda en 1.063.
Hoy merece ser destacado el molino Solapeña, en Corro, que se encuentra en perfecto estado de conservación y sirven de imagen publicitaria de los atractivos de Valdegobía. Está declarado Monumento de Interés Cultural por el Gobierno Vasco.
Las aguas de Valdegobía pertenecen a la cuenca mediterránea y su aprovechamiento para moler son las de los ríos Purón y Omecillo -atraviesan nuestro valle- y el Río Ebro. El Purón movió cinco molinos en Valdegobía, además de otro en Herrán (Burgos), y el Omecillo, junto con el Tumecillo, unos veinte. Una inundación del Omecillo el 19 y 20 de Julio de 1.775 causó destrozos en Venta Blanca, en la presa de Villamaderne, en Villanañe, y en el molino de Valpuesta. En cuanto al Río Ebro, linde también de Valdegobia, movió el molino de los vecinos de Batxikabo.
Encontramos que las ruedas o aceñas de los ríos más caudalosos eran para las familias de abolengo, como los Varona, en Villanañe, o los Sarría, en Villamaderne, (Venta Blanca). A partir del siglo XIX, unos cuantos molinos se transforman para producir energía eléctrica como los de Bóveda, Venta del Monte, en Villanañe, Gurendes, Villanañe o Espejo.
Pago de deudas
La propiedad del molino en Valdegobía recaía mayoritariamente en sus concejos. Los de Villanañe, Villamaderne y los dos de Valluerca tuvieron que venderlos a particulares para hacer frente a las deudas contraídas en la guerra de la Independencia o en la primera guerra carlista. En cambio, las familias pudientes, como los Varona o Sarría, dispusieron también de complejos de explotación junto a sus molinos como una venta, un batán o una ferrería.
En la actualidad, ya pocas localidades cuentan con molino. En Caranca y Corro quedan dos en cada una de las localidades. Destaca el de Solapeña; Gurendes, Nograro, Osma, Quejo, Tobillas y Villanañe, al igual que Lalastra, situado en pleno parque de Valderejo. Éste fue reconstruido, pero sin ser fiel al original que existió antes en ese mismo paraje.
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