VALDEREJO - El gran bosque
que nos legaron los abuelos
F. GÓNGORA/VITORIA La propuesta municipal de declaración
como parque natural de los Montes de Vitoria destapa las amenazas
que acechan sus valores extraordinarios y una estrategia pura y
dura de conservación
HAYEDO. En las cimas
de los Montes de Vitoria, como esta zona del puerto de
Oquina, se puede disfrutar de interesantes ejemplares
de hayas que se abren a los pastos que alimentan el ganado
desde hace siglos. / NURIA GONZÁLEZ
Los excursionistas que recorren a pie la colada
que sube hacia el puerto de Peña Betoño, un inmenso
y formidable hayedo en el corazón de los Montes de Vitoria,
tropiezan cada domingo con los motoristas. Las ruedas de sus máquinas
se hunden en el barro y destrozan la antigua senda de bueyes, carretas
y arrieros y que aún pisotean las ovejas. La ruta se hace
impracticable. «La declaración de parque natural prohibirá
las motos, los quads y los todoterrenos, que se han convertido en
una invasión que crece», advierte Fernando de Juana,
jefe de Planificación y Proyectos del Centro de Estudios
Ambientales del Ayuntamiento.
La línea del cielo de Vitoria acaba por
el Sur en un horizonte de montañas que rondan los mil metros
con extensas masas arboladas de frondosas en las laderas de mayor
pendiente. A pie de estos bosques, once núcleos rurales y
sus correspondientes zonas de cultivo mantienen intactos muchos
de los valores culturales y paisajísticos de las áreas
rurales tradicionales. Este cuadrado que limita con Treviño
y Bernedo al Sur; con la carretera N-102, la ciudad y la vía
del antiguo ferrocarril Vasco-Navarro al Norte; con Iruraiz Gauna
al Este; y al Oeste con Iruña de Oca, conserva una biodiversidad
sorprendente. Aquí se han inventariado 202 especies de vertebrados,
la mitad de los que existen en el País Vasco y una cuarta
parte de las existentes en toda España. Dos de ellas están
en peligro de extinción, un pez llamado lamprehuela y el
visón europeo.
La variedad botánica es de tal riqueza
que 17 comunidades vegetales, entre bosques, pastos parameros, brezales
y humedales están preservadas por las directivas europeas.
Asimismo, se han inventariado 30 plantas muy raras y una gran variedad
de orquídeas un altísimo interés botánico.
Sólo en invertebrados se han encontrado cinco especies amenazadas
a nivel europeo. Sólo ellas justificarían en Europa
un parque.
Hayedos y robledales
El bosque mixto de hayas y tejos del Palogán
es excepcional como el de robledal de Aberásturi, con ejemplares
muy viejos. La variedad es realmente sorprendente al encontrarse
a caballo entre dos climas y dos zonas geográficas, la eurosiberiana
y la mediterránea.
Pero, ¿por qué no se ha protegido
antes si tantos valores ecológicos guarda? La respuesta tiene
mucho que ver con la especial idiosincrasia del Ayuntamiento de
Vitoria, el mayor en extensión del País Vasco, y con
un gran celo a la hora de compartir la gestión de su territorio
con otras administraciones.
Los Montes de Vitoria han formado siempre parte
de la agenda reivindicativa de los ecologistas como una de las áreas
que había que proteger. En los años 80, estaba en
la lista pendiente de declaración junto a Gorbea, Entzia,
Valderejo o Urkiola. El catálogo de espacios naturales relevantes
de la comunidad autónoma, elaborado por el Gobierno vasco,
incluye este espacio entre sus elegidos. Forma parte del listado
de paisajes sobresalientes de la Diputación y de la red europea
Natura 2000. «Ahora buscamos una figura legal de protección
porque la amenaza ahora es mayor que nunca y el Plan General es
insuficiente. Los proyectos urbanísticos del sur de Vitoria
nos han obligado a poner freno. Pero que quede claro que no es un
parque con parketxea y aparcamientos. Queremos salvar este lugar
de amenazas. Está en juego un patrimonio que los vitorianos
han sabido cuidar durante siglos», señala De Juana.
La propuesta de declaración, que debe
ser estudiada por el Ejecutivo autónomo, prevé una
superficie de 8.849 hectáreas a proteger. 6.171 hectáreas
serán parque natural propiamente dicho, y 2.678 hectáreas
una zona periférica con un estatus diferente que incluye
tierras de cultivo y once pueblos.
La unanimidad con que todos los partidos del
Ayuntamiento han abrobado la propuesta de declaración dentro
del consejo rector del CEA se encuentra con un primer obstáculo:
convencer a los representantes de las 21 juntas administrativas
afectadas.
Según los técnicos que han elaborado
la propuesta, el verdadero campo de batalla estará en esas
2.678 hectáreas de área periférica, «porque
los montes están suficientemente protegidos». La inclusión
de ese espacio en el plan de ordenación de los recursos naturales,
el documento fundamental en todo el proceso de declaración,
debe servir para garantizar la conservación de los valiosos
recursos agrícolas, paisajísticos y culturales que
atesora. Según De Juana, «no se altera nada de lo existente
ya que se mantienen todos los usos actuales, desde la caza a las
suertes foguerales o la explotación maderera».
El segundo punto débil es la gestión.
El Ayuntamiento de Vitoria pretende lograr una encomienda para poder
gestionar el parque, algo que por ley corresponde a la Diputación,
aunque quien lo declare es Lakua.
Esa es la razón por la que no se ha ampliado
a otros municipios, aunque la biodiversidad no sabe de fronteras
administrativas. «Si entra Treviño, debe intervenir
el Estado. Si entran Iruraiz Gauna o Bernedo, el Gobierno vasco.
Los límites son un problema», concluye Fernando De
Juana.