13 de septiembre de 2003 Saturnino Ruiz
de Loizaga: "El origen del castellano está en Valpuesta".
Este religioso franciscano rastrea
los inicios de la lengua en las abadías fronterizas de Álava
y Burgos
Una buena tarde para
Saturnino Ruiz de Loizaga Ullíbarri (Tuesta, Álava,
1939) es rastrear y escudriñar dentro de los archivos del
Vaticano algún indicio o alguna pista de los que, más
arde podrá elaborar un episodio perdido de la historia. Él
lo llama 'ir de caza'. "Hay días que se te da bieny
descubres algo importante y otros en que no consigues nada",
asevera Ruiz de Loizaga.
Esta labor de rastreo la lleva haciendo durante
más de treinta años todos los jueves en Roma. Saturnino
es un sacerdote franciscano que trabaja en una editorial franciscana
de autores medievales en la Biblioteca del Vaticano, en Roma y que,
en su tiempo libre, bucea dentro de los archivos en busca del origen
del castellano.
Las primeras palabras que se acercan al castellano,
al mismo tiempo que se aleja del latín, las encontró
muy cerca de su pueblo natal, a menos de treinta kilómetros,
en el Cartulario de Valpuesta, en las anotaciones diarias de un
monasterio del valle de Valdegovía, en un censo que tenían
los monjes de la época según asegura. Ahí es
donde se encuentra la cuna del castellano y no en San Millán
de la Cogolla, como se creía hasta hace poco.
Entre Álava y Burgos
La aldea de Valpuesta, enclavada en el valle
de Valdegovía, que comparten administrativamente Álava
y Burgos, es un lugar escondido en las estribaciones de la sierra
de Árcena, que puede presumir de haber sido obispado, haber
tenido un monasterio y una colegiata y contar con una espléndida
iglesia gótica de porte catredalicio.
Es Saturnino un hombre de buenas maneras, un
estudioso y entendido en los atavares de la historia española
en la Edad Media. Un religioso al que no le gusta la docencia a
pesar de tener maneras de profesor. Según él, no le
apetece ejercer la docencia porque «me quitaría mucho
tiempo del que dedico a 'cazar'». Cuando conversas con él,
enseña, te involucra en lo que cuenta, siempre desvela algo
que hasta ahora desconocías. Ha escrito más de trece
libros, cinco de ellos sobre el Vaticano, y se muestra emocionado
cuando al rastrear el origen del castellano encuentra en el Cartulario
de Valpuesta los primeros trazos de la lengua. Es su ilusión
y un parte muy importante de su vida.
San Millán o Valpuesta
Las glosas emilianenses constituían hasta
no hace mucho el primer testimonio escrito en romance castellano.
Paleógrafos, filólogos e historiadores especializados
en la Edad Media admitían sin género de duda que esas
anotaciones marginales de un códice del monasterio riojano
de San Millán de la Cogolla eran los textos más antiguos
de ese dialecto latino que hace más de mil años se
hablaba por tierras de la Rioja y de la más vieja Castilla.
Sin embargo, esa aceptación inicial ha
cambiado. Ahora existen muchas dudas al respecto. Por una parte,
Saturnino Ruiz de Loizaga asegura que «las glosas son más
recientes de lo que se creía, quizás de la segunda
mitad del siglo XI».
Si esto es cierto, las glosas no han alcanzado
aún el milenio. Por otra parte, en estos últimos años
se viene sosteniendo que fue en Valpuesta y en el siglo IX, donde
se escribieron las primeras palabras del romance castellano. En
esa localidad burgalesa del valle de Valdegovía se transcribió
un cartulario monacal con abundantes y claras voces castellanas.
El cartulario de Valpuesta, donde en el 804
aparece por primera vez el nombre de Valdegovía, contiene
datos sobre sus gentes y topónimos en romance de muchos pueblos
actuales y de otros desaparecidos de ríos, montes, valles,
campos y hasta de vías de comunicación entre lugares.
El cartulario es mucho más antiguo que el códice y
las glosas de San Millán, y por lo tanto Valpuesta debe ser
el origen reafirma Saturnino.
Muchos han sido los historiadores que se apuntan
a la nueva teoría sobre la primacía valpostana. Una
de las más recientes es la que hizo María Pérez
Soler en 1970, una trascripción de los textos del cartulario.
El impulsor actual de la tesis de Valpuesta
es Saturnino, un hombre sabio especializado en leer los distintos
tipos de letra con que los monjes y escribanos llevaban al pergamino
los asuntos de la vida cotidiana. Él desbroza con sus ojos
pacientes la caligrafía gótica, merovingia, visigótica,
ánglica, gálica o de Bari donde reposa, en letras
picudas y solemnes, repletas de abreviaturas y términos arcanos,
nuestro pasado.
Dos cartularios
A pesar de que siempre nos referimos al cartulario
de Valpuesta en singular, en realidad lo constituyen dos, uno escrito
en Becerro Gótico y otro en Becerro Galicano. Ambos se guardan
en el Archivo Histórico Nacional.
El gótico o viejo, por estar escrito
en letra visigótica, es el más valioso, dada su antigüedad.
Consta de 204 escrituras, 23 de las cuáles están repetidas
en todo su contenido o en parte, mientras que el Galicano o nuevo,
transcribe, en letra carolina o francesa un total de 138 diplomas
del primero.