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     Entrar en el Valle de Mena descendiendo las empinadas rampas del puerto de El Cabrio -antes se pueden visitar la interesante portada románica de Bercedo y el puente romano de Agüera- es introducirse en una de las tierras más hermosas y con mayor personalidad e historia de toda la provincia de Burgos. Un paisaje siempre verde, al que llegan sin dificultad las brisas húmedas del cercano mar Cantábrico, va a sorprender gratamente a los viajeros.

     Irús es la primera parada de esta ruta. Al lado de su fortificada iglesia parte un camino por el que enseguida se alcanza la obra de una calzada romana. Todavía son visibles algunos tramos bien conservados del firme de esta vía que atravesaba todo el Valle de Mena.

     Por la carretera de Villasana se localiza el ramal asfaltado que asciende al santuario de Cantonad. Desde esta verdadera atalaya natural se divisa una de las mejores perspectivas de Mena. A la altura de Vivanco, lugar que conserva varias casonas palaciegas y en donde se guarda un interesante sepulcro románico, hay que desviarse por la carretera local que conduce a Lezana de Mena. Enclavada en una zona de frescos prados naturales -omnipresentes en la comarca- en los que pastan numerosas vacas y caballos, aparece la altiva silueta de la torre de Lezana. Perteneciente a la ilustre familia de los Velasco fue levantada, a finales del siglo XIV, en una época de duros enfrentamientos entre las distintas familias de la nobleza local.
Paisaje típico de las Merindades
Eremitorio de Presillas de  Bricias
     Por Sopeñano, desde donde se pueden alcanzar las fuentes del río Cadagua, hay que seguir la carretera que sin problemas alcanza las primeras estribaciones de la sierra de la Magdalena. En este anfiteatro natural en el que se desploman los verticales taludes rocosos de La Peña y que aparece tapizado por un frondoso bosque caducifolio de hayas, robles y quejigos, se concentran los más escogidos monumentos del románico local.

     Encaramada en lo alto del pueblo de Siones se encuentra la iglesia de Santa María. Construido en el último cuarto del siglo XII, en el interior de este magnífico templo destacan la doble arquería del ábside y las misteriosas representaciones iconográficas de los dos edículos que se abren a los lados del crucero. Muy cerca queda la iglesia de El Vigo con su tímpano historiado.

     Lo que más sorprende de la iglesia de San Lorenzo de Vallejo de Mena es su carácter exótico e inacabado. De finales del siglo XII, posee una sola nave, tres portadas y un curioso y robusto ábside. De este último destacan sus haces de columnas y un dosel de arcos ciegos de clara influencia lombarda. Un peregrino, con venera y bordón, esculpido en una arquivolta de la portada principal de Vallejo nos recuerda el paso por Mena de uno de los más antiguos caminos jacobeos.
La entrada de Villasana de Mena está guarnecida por una elevada torre, mandada edificar por Juan Fernández de Velasco, en el siglo XV. Siguiendo por la calle del Medio, toda ella flanqueada con casas de origen medieval, se localizan el palacio de Matienzo y el convento de Santa Ana, dos de los edificios más notables de la villa.
     Para continuar el recorrido hay que retroceder por la carretera de Burgos hasta el cruce que, desde el cercano Villanueva, conduce a Caniego. Muy cerca quedan el famoso monasterio de Taranco -lugar en donde por primera vez se escribió la palabra Castilla- y el noble pueblo de Concejero. Después de enfilar hacia Burceña y Hornes la carretera se dirige a Nava de Ordunte. Poco antes de ese pueblo se puede tomar la desviación que asciende al pantano de Ordunte. Desde este lugar parten varias rutas senderistas a la búsqueda de los hayedos, los robledales y las cimas de los Montes de Ordunte.

     Desde Nava de Ordunte y por la carretera de Valmaseda hay que llegar hasta El Berrón, último pueblo de Castilla. Allí es necesario desviarse, siguiendo varias pistas asfaltadas, hasta enlazar en Antuñano -muy cerca queda la iglesia de San Pelayo y su interesante tímpano románico- con la carretera que se dirige a la localidad alavesa de Arceniega.    

 Una vez situados en la serpenteante carretera que enlaza Arceniega y Trespaderne, no resta más que ascender tranquilamente hasta lo alto de la Peña de Angulo. Desde alguno de los miradores que se asoman al espectacular paisaje del Valle de Angulo, es posible dominar todo el conjunto de pequeñas aldeas que configuran este pintoresco espacio geográfico. También el Valle de Angulo es un paraíso para los entusiastas del contacto con la naturaleza: hayedo de Encima-Angulo y cascadas de San Miguel y, sobre todo, Peñaladros.

     El túnel del puerto de Angulo permite franquear la Sierra Salvada e internarse en las más meridionales tierras del Valle de Losa. Al llegar a un cruce hay que dirigirse a Quincoces de Yuso. De este próspero pueblo parte la pista asfaltada que se acerca a Relloso. Un poco antes de llegar a esta aldea semiabandonada se localiza la llamada Cueva del Agua, impresionante surgencia en la que nace el río Jerea.
En el mismo Relloso, pueblo rodeado por espesos hayedos y robledales, se puede coger el camino que asciende hasta el túnel de la Complacera: magnífico mirador natural de una buena parte de estas comarcas norteñas burgalesas.
Otra vez por la carretera de Trespaderne y pasando por pueblos como San Llorente, Villaluenga y Río de Losa se alcanza con facilidad el pueblo de San Pantaleón de Losa. Su caserío se extiende a la sombra de una gran peña en cuya cima se encuentra la famosa ermita de San Pantaleón, una de las construcciones románicas más curiosas y bellas de todo el románico castellano.
Desde el pueblo hay que tomar el camino que por la izquierda asciende suavemente hasta lo alto de la cresta caliza. Pronto se descubre, levantada sobre un terreno con gran declive, la pequeña ermita de San Pantaleón. Consagrada en 1207, es posible que se empezase a construir a finales del siglo anterior. Consta solamente de un tramo bajo cúpula y de un ábside. Sobre el arco triunfal aparece situada una elegante espadaña. En la portada y en las ventanas se concentra un original repertorio iconográfico.

     Además de su alto valor artístico, San Pantaleón está preñado de misteriosas y esotéricas leyendas entre las que sobresale la del Santo Grial.
Después de contemplar el magnífico paisaje que se divisa desde lo alto de la peña -una alargada depresión enmarcada por los blandos materiales del Cretácico Superior y cubierta en su mayor parte por espesos bosques de pino, roble y encina- hay que regresar hacia Quincoces de Yuso y en sus inmediaciones tomar la carretera que prosigue paralela al río Nabón en dirección a Berberana. Antes de llegar a este último pueblo se puede visitar el hayedo de San Martín de Losa y conocer Villalba de Losa, patria chica de Juan de Garay, fundador de la ciudad de Buenos Aires.

     En Berberana es preciso desviarse por la N-625 con dirección a Bilbao. Antes de culminar el puerto de Orduña un camino forestal asfaltado conduce hasta Monte Santiago y el mirador del Cañón. Desde este lugar, protegido bajo la figura de "Monumento Natural", se domina el salto del Nervión. En época de deshielo o de fuertes lluvias el espectáculo que ofrece la cascada es único e inolvidable. Se pueden realizar numerosas rutas de senderismo.
     Otra vez por Berberana y siguiendo también la N-625 hay que introducirse en Álava. El objetivo es alcanzar la Jurisdicción de San Zadornil, una porción de la provincia de Burgos que sólo es accesible desde tierras alavesas. En este desconocido espacio provincial, cuajado de verdes prados, densos bosques y aislado por el sur por los encrespados riscos calizos de la Sierra de Árcena, se comenzó a fraguar a partir del siglo IX, la historia del primitivo reino de Castilla.

Por la desviación que señala Valdegovía rápidamente se alcanza el pueblo burgalés de Valpuesta. Sede de uno de los primeros obispados de la Reconquista -desde el año 802 hasta 1087- Valpuesta aún conserva los restos de su esplendor: una colegiata gótica levantada sobre varios templos anteriores y un bien conservado torreón fechado en la primera mitad del XV.
     El pueblo de San Zadornil, con su rústica iglesia románica de San Saturnino y el de Villafría de San Zadornil, enclavado en plena Sierra de Árcena y en el que se puede contemplar uno de las paisajes más pintorescos de toda la provincia, completan la ruta. Para regresar es preciso volver a tierras alavesas y, por Bóveda, enlazar con San Pantaleón de Losa. Desde Soncillo -muy cerca, en Villabáscones de Bezana, se localiza la fantástica cascada de Las Pisas-, localidad que desprende por sus cuatro costados un típico aire montañés, la carretera C-6318 se dirige hacia Santelices y Pedrosa de Valdeporres. Un poco antes de llegar al primero hay que tomar la pista asfaltada que conduce hacia Busnela.

     Siguiendo el curso del incipiente Nela, que junto al Ebro es el principal río que recorre la comarca de Las Merindades, pronto se deja atrás el caserío, presidido por un macizo torreón, del pequeño pueblo de Cidad. Unos metros después de pasar el cruce de la pista que se encamina hacia Haedo de las Pueblas, y a mano izquierda de la carretera, aparece sobre una pequeña elevación el dolmen semirrupestre de Busnela. Este curioso megalito -puede fecharse hace unos 5.000 años- se construyó aprovechando una gran roca sobre la que se apoyaron siete enormes ortostatos de roca arenisca.

     Tras retroceder de nuevo hasta el cruce de Santelices -desde donde se puede llegar hasta la boca del túnel de la Engaña y, desde allí sendereando, a las impresionantes fuentes del río del mismo nombre- hay que tomar la desviación que se dirige a Puentedey. En el centro de este pueblo se localiza uno de los más singulares fenómenos de la naturaleza que se pueden observar en Burgos: un gran puente -más de 15 metros de alto- excavado por el río Nela en la dura roca caliza. El pueblo también conserva algunos restos románicos y una casa-fuerte que perteneció a los Velasco. Desde Puentedey la carretera abandona el curso del Nela y asciende por Quintanilla Valdebodres -acceso a los Canales de Dulla y a la cascada de La Mea- al encuentro de la Merindad de Sotoscueva.

     Por la carretera que se dirige a Cueva se alcanza el punto culminante del circo de San Bernabé. En el fondo de este gran valle ciego se localiza el sumidero del río Guareña. Por este famoso "ojo" se introduce el río en los materiales calizos del Cretácico, dando lugar al complejo de simas, galerías, ríos y lagos subterráneos conocido como Ojo Guareña.

     El Complejo Kárstico de Ojo Guareña, declarado "Monumento Natural", es con sus casi 100 kilómetros de desarrollo el más extenso de España y está entre los diez mayores del mundo. El mismo nombre de la Merindad de Sotoscueva indica que la vida y las costumbres de sus habitantes han girado desde siempre alrededor de las cuevas. El entorno de Ojo Guareña es uno de los pocos lugares del planeta en el que se puede seguir con toda claridad, y sin que falte ninguna etapa clave, la evolución de la religiosidad del hombre occidental.

     Una vez visitada la ermita y la cueva de San Bernabé, el periplo continúa, atravesando los pequeños pueblos de Cueva, Quisicedo y Quintanilla del Rebollar hasta alcanzar Espinosa de los Monteros. Un paisaje fresco, alegre y siempre verde recuerda al viajero que está recorriendo las estribaciones meridionales de la Cordillera Cantábrica y que el suave y lluvioso clima que reina en la comarca es consecuencia de la proximidad del mar. También el aire que desprende el conjunto urbano de Espinosa de los Monteros denota un carácter marcadamente montañés. Espinosa es una legendaria villa conocida sobre todo por sus "Monteros", cuerpo hidalgo que desde el año 1006 tenía el privilegio de custodiar durante la noche las estancias de los reyes de España. Así mismo, el rico patrimonio arquitectónico de esta villa realenga merece una detenida visita. Entre todos sus monumentos destacan el castillo de los Condestables o de los Velasco levantado durante los s. XIV y XV, junto al río Trueba y la iglesia renacentista de Santa Cecilia.
Iglesia de Espinosa de los Monteros
Galería   principal de Ojo Guareña
     Desde Espinosa una estrecha y serpenteante carretera permite internarse en la comarca llamada de Las Machorras o de los Cuatro Ríos Pasiegos, el territorio burgalés en el que con más claridad han perdurado las formas de vida ancestrales. Sus habitantes son los pasiegos, un misterioso y amable pueblo que casi en el siglo XXI ha sabido conservar unas sabias costumbres basadas en la tradición de muchos siglos.      

     La principal actividad de los pasiegos gira alrededor de su única fuente de recursos: el ganado vacuno. Su forma de vida está marcada por la trashumancia estacional. En verano suben con las vacas a la branizas, praderas naturales, donde se encuentran sus típicas cabañas construidas en piedra que, con dos plantas y cubiertas con lastras, sirven a la vez de establo y vivienda familiar.

     Al llegar al pequeño núcleo de Las Machorras, lugar en donde está enclavado el santuario de Nuestra Señora de las Nieves, tres empinadas carreteras de montaña permiten alcanzar los portillos que sirven de límite a Burgos y a Cantabria: La Sía, Estacas de Trueba y Lunada. Nada mejor para finalizar este apretado recorrido que ascender por alguno de ellos y disfrutar en su cumbre de las maravillosas y dilatadas perspectivas que se abren a ambos lados de las montañas. Esta zona de Burgos es una de las más indicadas para practicar senderismo, actividades de montaña y exploración espeleológica.
De nuevo por Espinosa de los Monteros hay que regresar hasta Soncillo. Desde esta localidad parte una tranquila carretera local que permite alcanzar el pueblo de Virtus. Dominando su caserío se localiza la silueta de una maciza fortaleza que perteneció a la familia de los Porres. Por Cilleruelo de Bezana y bordeando el espectacular embalse del Ebro se alcanza el famoso balneario de Corconte. En funcionamiento desde finales del siglo pasado es el único establecimiento de baños abierto en toda la provincia de Burgos. Además del carácter medicinal de sus aguas sódicas y sulfurosas, muy indicadas par tratar las dolencias del riñón, vías urinarias, reumatismo y sistema circulatorio, el balneario conserva el encantador aire romántico de los años veinte. Hay que volver a pasar por Cilleruelo para poder enfilar hacia Arija. Herbosa y San Vicente de Villamezán son dos pequeñas aldeas situadas muy cerca de la orilla del Embalse del Ebro y que, como casi todos los pueblos de la zona, viven de la ganadería caballar y vacuna. Semejante a un mar en miniatura el Pantano del Ebro es una de las masas de agua artificiales más grandes y con mayor volumen de toda la Península Ibérica. En la actualidad sus aguas sirven como escenario para la práctica de variados deportes acuáticos y constituyen el hábitat ideal para numerosas aves acuáticas.

     En Arija hay que tomar la desviación que se dirige hacia Montejo de Bricia y a Santa Gadea. Este último pueblo conserva un interesante conjunto de construcciones populares entre las que destaca un potro cubierto para herrar ganado. Nada más salir de Santa Gadea, a mano derecha y antes de llegar a una sencilla ermita, se puede tomar un camino forestal asfaltado que se interna en el espeso y mágico Monte Hijedo: uno de los bosques de hayas, robles y tejos más bellos e interesantes de toda Castilla y León.
     Por Montejo de Bricia, tras internarse unos kilómetros en Cantabria, se alcanza Presillas de Bricia. En las inmediaciones de esta aldea se yergue solitaria una gran roca arenisca. En ella los anacoretas altomedievales excavaron una espectacular iglesia rupestre. Orientada hacia el oeste, la llamada iglesia de San Miguel presenta dos pisos, el inferior de tres naves con sus correspondientes cabeceras y altares de bloque. Dos columnas que sostienen un par de arcos de medio punto separan las naves entre sí. Una escalera tallada en la piedra permite el acceso al piso superior con tribunas que se levantan sobre el potente muro externo. Desde Burgos hay que tomar la carretera C-629 y descender el puerto de La Mazorra. Tras atravesar brevemente el Valle de Valdivielso, una espectacular puerta natural, el desfiladero de Los Hocinos, permite al viajero llegar hasta la Merindad de Castilla la Vieja. Desde la carretera que serpentea al ritmo marcado por el río se puede observar la rica vegetación -boj, encinas, quejigos, rebollos, hayas, tilos, arces, madroños- que cubre los escarpados farallones rocosos de la garganta. Numerosas aves rapaces anidan y sobrevuelan este privilegiado enclave natural.
Plaza Mayor de Villarcayo

  Hay que dejar atrás el pueblo de Incinillas, acceso al Valle de Manzanedo, para alcanzar Villalaín, la primera etapa del recorrido. Tanto en este pueblo como su vecino Bisjueces es fácil rastrear en el pasado de dos de las figuras, Laín Calvo y Nuño Rasura, más legendarias de la primitiva Castilla. Según la tradición, estos dos Jueces, que entran en la historia a mediados del siglo IX, impartían la "Fazaña" una justicia basada en leyes orales entroncada con ancestrales costumbres prerromanas .     

En Bisjueces no hay que dejar de visitar el pórtico de su iglesia que, con una esbelta fábrica, protege la curiosa fachada renacentista en la que se representan las esculturas sedentes de los dos Jueces de Castilla.

     Antes de llegar a La Aldea merece la pena desviarse hasta Barruelo para poder contemplar más de cerca el relieve de La Tesla. De este pueblo parten algunos de los caminos que ascienden hasta la cima de la emblemática montaña. De vuelta a la carretera que conduce a La Aldea se divisa una buena panorámica de toda la Merindad de Castilla la Vieja -geográficamente es una gran depresión sinclinal rodeada de relieves montañosos-, destacando en el centro la moderna silueta de su capital.

     El pueblo de La Aldea aparece presidido por la alta y almenada torre de la iglesia gótica de Santa Cruz. Desde La Aldea se debe tomar la carretera que conduce, por Santa Cruz de Andino, hasta Villarcayo. Capital de la Merindad de Castilla la Vieja es así mismo, desde 1560 y por deseo de Felipe II, capital de toda la comarca. Espigando en su moderno trazado urbano, en verano se convierte en un importante centro turístico, todavía se pueden localizar algunas muestras de su pasado. Entre todas destacan una serie de casonas solariegas de época barroca situadas en la calle Santa Marina. También hay que visitar el museo del trasladado monasterio burebano de Vileña, que guarda una valiosa colección de sepulcros góticos.

     Desde Villarcayo y remontando la corriente del Nela pronto se alcanza Cigüenza. En los alrededores de este pueblo se encuentra enclavada la necrópolis altomedieval de San Andrés. El paisaje se torna ahora quebrado y de vez en cuando aparecen pequeños bosques de encinas y quejigos.

     En la misma orilla del Nela se descubren otras dos aldeas: Escanduso y Escaño. En la primera de ellas se puede admirar una pequeña iglesia de traza románica que pasa por ser una de las más pequeñas del mundo. La iglesia románica de Escaño, la de datación más antigua en la provincia -año 1088-, conserva un ábside de esa época. En este pueblo hay que tomar la recién construida carretera que conduce a Salazar.

     En Salazar se localizan las llamadas Torres de los Salazar. Se trata de un edificio fortificado que consta de dos torres separadas por un palacio. Las torres, fechadas en los siglos XVI y XVII, son de buena sillería y todavía conservan algunos restos de las almenas que las remataban. En este pueblo se conservan además otras casas señoriales con sus correspondientes escudos. También se pueden observar los elementos constructivos característicos de la casa popular de la zona: planta cuadrada, solana en la fachada y edificada en piedra.

     Una carretera permite alcanzar por Villanueva La Blanca y Torme -conserva las ruinas de la torre-palacio renacentista de los López de Salazar- el pueblo de Butrera. En sus afueras se alza un gran templo de obra románica consagrado a la Virgen de Septiembre. De una sola nave y con incipiente crucero, se remata con un ábside semicircular que al exterior presenta una cuidada decoración a base de misteriosos motivos iconográficos. En el interior de la iglesia se conservan una imagen de la Virgen y un original relieve de la Adoración de los Reyes Magos.

     De nuevo en Torme se debe coger la carretera que por Fresnedo, necrópolis altomedieval de Peña Horrero, enlaza, a la altura de Bocos, con la C-629. Con dirección a Bilbao se alcanza un muy interesante enclave natural: las lagunas de Gayangos. Un conjunto de pequeños lagos de origen tectónico que constituyen la mejor zona húmeda de toda la provincia y son el único lugar de cría para especies tan escasas y valiosas como el zampullín cuellinegro, el porrón común o el pato cuchara.
Este apretado recorrido por el corazón de Las Merindades -el término Merindad deriva de una división territorial, de origen medieval, que estaba bajo el mandato de un merino nombrado por el rey- continúa por el pequeño lugar, situado a orillas del río Cerneja, de El Ribero de Montija.

     En medio de su escueto caserío se localiza su principal monumento: la torre-palacio de los Alvarado. La carretera local que se dirige hacia Castrobarto permite alcanzar el pueblo de Colina. En es esta localidad, que ya pertenece a la Junta de Traslaloma, sobresale una interesante iglesia parroquial de estilo románico. El elemento más destacado del templo es una portada fechada en la segunda mitad del siglo XII. Merece la pena prestar atención a la original ornamentación e iconografía que cubre buena parte de sus fustes, arquivoltas y capiteles.

     Con dirección a los Montes de La Peña ellos se dirige la carretera que conduce a Castrobarto. Con toda seguridad el origen de este pueblo, situado a los pies del reverso meridional de la empinada cresta turonense que identifica estas llamativas montañas, hay que buscarlo en una antigua fortificación romana que vigilaba un importante paso entre los valles de Losa y Mena. Antes de dejar atrás Castrobarto se puede emprender una excursión a pie para descubrir las riquezas paisajísticas, arqueológicas y medioambientales que atesora el entorno del puerto de la Magdalena: restos de una calzada de origen romano y medieval, una antigua lobera, umbríos hayedos y la impresionante panorámica del Valle de Mena y de las fuentes del Cadagua. Por Villalacre y Rosío y siempre paralelos al pliege anticlinal que aísla el valle del río Salón o Salado del resto de La Losa, se alcanza el pueblo de Salinas de Rosío. Sus salinas son famosas desde tiempos de los romanos y así lo atestigua el yacimiento arqueológico de esa época descubierto hace unos años. El resto más destacado es un mosaico, el único en blanco y negro de toda la Meseta, que cubría el suelo de una gran lonja relacionada con la industria de la sal. Sus motivos decorativos, sobre todo el laberinto central, permiten fecharlo como el más antiguo de la provincia de Burgos, siglo II d. C.

     Bosquetes de encinas y sobre todo de quejigos, árbol clímax de estas áreas de media altitud de Las Merindades, salpican el paisaje y cubren las laderas de casi todas las crestas rocosas. Siguiendo en todo momento el curso del río Salón se alcanza la localidad de La Cerca. En este pueblo cargado de historia, fue el solar principal de la familia de los Salazar, se conserva una iglesia románica con ábside semicircular en cuyo interior se puede admirar un relieve policromado, últimos lustros del siglo XII, que representa los símbolos de los cuatro evangelistas rodeando a Cristo Majestad. Desde La Cerca la carretera alcanza el pueblo de Villatomil. En los campos que circundan esta pequeña localidad todavía resuenan los ecos de la importante batalla, acaecida en 1325, entre las principales familias feudales de Las Merindades: los Salazar y los Velasco. Precisamente hacia la capital del señorío de estos últimos, la ciudad de Medina de Pomar, enfila el recorrido. Situada muy cerca del río Trueba y centro de un antiguo e importante nudo de comunicaciones, la historia de la antigua capital de Las Merindades hunde sus raíces en la época de la repoblación altomedieval. En tiempos de Alfonso VII, primera mitad del siglo XII, recibe su primer fuero y en 1369, fecha transcendental en su historia, fue donada a Pedro Fernández de Velasco.
Los Velasco, futuros Condestables de Castilla, convirtieron Medina de Pomar en el centro de su extenso señorío e incluso la eligieron como su panteón. Como prueba de lo primero edificaron un desafiante alcázar de marcadas influencias árabes. Conocido como "Las Torres" el castillo, levantado a finales del siglo XIV, consta de dos robustos torreones de planta cuadrada, rematados por almenas, que aparecen unidos por un edificio central que albergaba un lujoso palacio, en el que aún se conservan unos frisos con elegantes yeserías de estilo mudéjar.

     Para su morada definitiva la poderosa familia feudal eligió el monasterio de Santa Clara. Fue fundado en 1313 por Sancho Sánchez de Velasco y su iglesia, edificada en el siglo XV, es de nave única. En el siglo XVI se le añadió la capilla funeraria de la Concepción, que sigue el modelo familiar iniciado en la capilla de los Condestables de la Catedral de Burgos: ámbito único cubierto con rica bóveda de crucería que descarga sobre cuatro grandes trompas.
   
     El museo del convento de Santa Clara exhibe entre otras muchas piezas un notable Cristo yacente de Gregorio Fernández.

     En Medina de Pomar, que todavía conserva restos del trazado medieval de sus calles y una nítida huella de su notable judería, se pueden visitar otros monumentos significativos: arco de la Cadena, convento de San Pedro, iglesias de Santa Cruz y de Nuestra Señora del Rosario, hospital de la Vera Cruz y el edificio del Ayuntamiento.
Puente natural de Puentedey
     Pocos espacios geográficos burgaleses aparecen tan bien definidos como el territorio que ocupa la Merindad de Valdivielso. Limitado al norte por los farallones de la Sierra de La Tesla, su flanco meridional lo cierran las últimas estribaciones de las parameras calcáreas de La Lora. El perfecto valle formado por estas dos estructuras geológicas -cubiertas en su mayor parte por espesas y variadas masas forestales- es recorrido longitudinalmente por el río Ebro.

     Si el paisaje resulta brillante y espectacular no lo es menos el contenido histórico, artístico y cultural que atesora en su interior la "perla" de Las Merindades. Al llegar desde Burgos es imprescindible detenerse en algún punto del puerto de La Mazorra para poder contemplar, y sobre todo disfrutar, uno de los panoramas naturales más bellos de España. Con esta visión pocos viajeros podrán resistir la tentación de continuar la gira por Valdivielso.

     Pronto se divisan las primeras edificaciones de Valdenoceda. Entre todas ellas destaca el conjunto formado por la torre gótica de los Velasco y la iglesia románica de San Miguel. En esta última, construida en el tercer cuarto del siglo XII a semejanza de la vecina de San Pedro de Tejada, se conservan una cúpula sobre trompas y una torre cuadrada que se alza sobre la misma. Los motivos escultóricos de las ménsulas y de los canecillos del tejaroz responden a los mismos motivos de Tejada. A pocos kilómetros de Valdenoceda, con dirección a Logroño, hay que tomar la primera desviación a mano derecha que conduce a Quintana de Valdivielso. A lo largo de su calle principal van apareciendo los distintos elementos de su rico patrimonio: el decimonónico Colegio de Huérfanos, la casa de los Huidobros, el renacentista palacio fortificado que perteneció a la noble familia San Martín, y, ya fuera del pueblo, la torre de Loja, almenado castillo levantado con buenos sillares entre finales del siglo XV y comienzos del XVI.
Torre de Valdenoceda
 Muy cerca de Quintana, el pueblo de El Almiñé recibe al viajero con la elegante torre cuadrada de su iglesia parroquial. De estilo románico, aparece formada por dos cuerpos; el superior presenta cuatro ventanas en cada uno de sus lados. En el interior del templo se pueden observar una curiosa cúpula sobre el crucero y una no menos interesante pila bautismal.
    
 Dentro de este pequeño pueblo situado al pie de la calzada medieval que desciende desde el puerto de La Mazorra se conservan varias casonas señoriales que responden al tipo común de la casona norteña de Las Merindades: edificio aislado, de planta rectangular con cubierta a cuatro aguas y levantado con buenos sillares de piedra. La mayor parte están adornadas con escudos nobiliarios y recercas y molduras en puertas y ventanas. En algunas de estas casas todavía viven los descendientes de los hidalgos que las construyeron en los siglos XVI, XVII y XVIII.

     Hay que efectuar un pequeño desvío y después de cruzar el Ebro por el más antiguo puente de toda la zona, la carretera llega a Puente Arenas. Una pista de cemento que parte desde el centro del citado pueblo conduce hacia una de las iglesias románicas mejor conservadas y más interesantes de todo el arte románico español. Del primitivo monasterio de San Pedro de Tejada, fundado en el año 850, sólo ha llegado hasta nuestros días su iglesia, edificada en el más puro estilo románico durante el segundo tercio del siglo XII.Su estructura armónica y sólida responde a las características típicas del románico de Burgos: una sola nave, ábside semicircular y torre sobre la cúpula. Tanto en su portada como en sus numerosas ventanas, capiteles y canecillos se concentra una abundante y representativa escultura. Destacan por su sencillez y elegancia los relieves de la Ascensión y de la Última Cena. También los canecillos que sustentan las cornisas del ábside y las fachadas poseen un variado repertorio iconográfico, en el que sobresalen los temas lúdicos y eróticos.

    
Ermita de San Pedro de Tejada
      La tranquila carretera, siempre paralela al río Ebro, se dirige sin prisas y con una invitación continua a disfrutar del cambio de paisajes, al encuentro de Quecedo, la capital de la Merindad de Valdivielso. Los regidores del valle, siguiendo un ancestral rito, celebraban todos sus concejos debajo de una centenaria encina sagrada. Como en la mayoría de los pueblos de la comarca un castillo o torre defensiva preside la silueta del caserío. En el caso de Quecedo es la casa fuerte almenada de los Huidobro-Incinillas. La iglesia de Santa Eulalia y varias casonas y palacios completan la visita de este pueblo. En sus inmediaciones se localizan el enclave de Los Cárcabos y las llamadas Cuevas de los Moros, uno de los más importantes conjuntos eremíticos del Alto Ebro burgalés.

     El itinerario prosigue visitando varios pueblos que presentan el denominador común de estar emplazados a los pies de la majestuosa Sierra de La Tesla y a la orilla de alguno de los arroyos que descienden de la misma. Arroyo y su iglesia gótica; Valhermosa con su correspondiente torre de los Saravia; y Hoz de Valdivielso que además de conservar un palacio de estilo herreriano es la puerta obligada para llegar, a través de una espectacular garganta, a Tartalés de los Montes.   

  Por oriente, el último pueblo de Valdivielso es Panizares que distribuye su peculiar arquitectura popular -que como en toda La Merindad comparte elementos comunes de la casa montañesa y de las más sobrias construcciones de los vecinos páramos- debajo de unas singulares formaciones geológicas con forma de cuchillos.
     
     Tras cruzar el pequeño embalse de Cereceda y por el pueblo del mismo nombre, se alcanza la carretera que se interna en el desfiladero de La Horadada: una profunda, larga y angosta garganta abierta por el río Ebro en la que crece una densa y variada vegetación, en especial quejigos, hayas y tejos, y abundan las aves rapaces.

     Un carreteril asfaltado permite alcanzar un gigantesco anfiteatro rocoso en cuyo fondo se esconde la aldea de Tartalés de Cilla. En los alrededores de esta localidad se pueden admirar dos interesantes conjuntos rupestres de origen altomedieval: las cuevas de San Pedro y de los Portugueses. En el pueblo aún se guarda la memoria de un legendario eremita de origen visigodo: San Fermín. A la salida del impresionante desfiladero de La Horadada y en la misma confluencia de los ríos Ebro y Nela se alza el caserío de Trespaderne. Secular cruce de caminos, en sus inmediaciones se localizan las ruinas de una de las fortalezas más nombradas y con mayor contenido histórico -su origen se remonta a la época romana- de toda la alta Castilla: el legendario castillo de Tedeja.

     Desde Trespaderne, siguiendo la carretera del puerto de Angulo, es preciso detenerse en Cadiñanos para admirar los restos del magnífico palacio de los Medina Rosales, una de las familias más ilustres de Tobalina. Remontando el río Jerea pronto se llega a Pedrosa de Tobalina, pueblo en el que no hay que dejar de ver su anfiteatro de cascadas.
En Pedrosa es necesario desviarse con dirección a Barcina del Barco. Tras pasar por Extramiana desde su iglesia se domina una extensa vista del Valle de Tobalina cerrado por el Sur por las estribaciones de los Obarenes, se alcanza Ranedo. En esta localidad hay que tomar una pista asfaltada que conduce hasta Herrán, uno de los núcleos mejor conservados y más interesantes del valle. Recostado en la Sierra de Árcena, Herrán es la puerta del desfiladero del Purón. Esta importante vía natural que fue utilizada por los romanos todavía se conserva un puente de la época y por los repobladores altomedievales constituye uno de los recorridos senderistas más bellos de Burgos. En Herrán, lugar donde en el año 870 el abad Pablo fundó el monasterio de San Martín, se levantan varias casonas y palacios blasonados así como una casa medieval construida en toba y que conserva en su interior unas pinturas murales góticas.

     Para continuar el recorrido por Tobalina hay que enlazar, por Promediano y Gabanes, con la carretera de Trespaderne a Puentelarrá. Tras una rápida visita a Quintana Martín Galíndez y siguiendo el eje natural formado por el río Ebro, se alcanza la desviación antes se puede visitar la torre de los Bonifaz en el cercano Lomana hacia Frías. A la derecha de la actual carretera puede verse el llamado puente de Frías. Su torre defensiva, levantada en el siglo XIV para el cobro de los derechos de paso, confiere a este antiguo puente medieval, con orígenes romanos, un aire inconfundible.

     La ciudad de Frías es un elemento irrepetible dentro del paisaje de Las Merindades. Surgida en la primera época de la repoblación castellana, el trazado de su núcleo urbano conserva un aire típicamente medieval que se ve reforzado por la silueta de un castillo levantado sobre una inverosímil atalaya rocosa. La fortaleza, desde la que se goza de una inmejorable perspectiva de la ciudad y de casi todo el Valle de Tobalina, fue edificada entre los siglos XII, XV e incluso XVI. Además de la original torre del homenaje se pueden contemplar unos ventanales decorados con capiteles de estilo románico.
El fuerte desnivel existente en la plataforma sobre la que se asienta el caserío ha condicionado el trazado de las calles, el programa vertical de los edificios y un estético conjunto de casas colgantes. En muchas de las construcciones de Frías se ha mantenido un entramado de madera con claro origen medieval. En el extremo opuesto al castillo se localiza la iglesia de San Vicente de la que se expolió, en 1904, una interesante portada románica. Otros monumentos dignos de visitar son la iglesia de San Vitores y los conventos abandonados de San Francisco y Santa María del Vadillo.

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