La Comarca Merindades
viene a ser un espacio intermedio, contacto entre espacios económicos
diversos; por ello se ve implicada en una intensa actividad de relación
hacia el País Vasco, Valle del Ebro, Cantabria y Valle del
Duero.
El comercio era doble:
Transportar los productos interiores a los puertos cantábricos
(especialmente el vino, sal, lana, lino, y cereales) y volver cargados
con productos ultramarinos (pescados seco y fresco, mineral de hierro,…).
Los caminos que seguían
eran los caminos longitudinales, es decir, las antiguas Calzadas
Romanas y su denominación solía ser: “camino
de Reinosa”,”camino de la Rioja”, camino de Laredo”
o , más tarde,“camino pasiego”.
Para el trasporte
de la lana se solían utilizar las carretas. Los carros no
desaparecieron nunca, pero lo más generalizado en el norte
burgalés fueron las acémilas o caballerías
de todo género. Los pueblos arrieros se sitúan en
lugares estratégicos. Ejemplos de esto pueden ser: Villalta
en la parte superior del Alto de la Mazorra, lo mismo que Pesadas.
Berberana en el camino de Bilbao a Pancorbo, o Medina de Pomar por
el comercio y Aduana.
Recogemos algunos
datos tomados “del Catastro de la Ensenada”, en 1751.
Notamos sobre todo una especialización arriera en pueblos
como Bedón (Sotoscueva), con 9 arrieros con 59 caballerías,
Moneo con 7, Villalta con 4, Pesadas con 9, Villanueva la Lastra
con 3, Medina con 10( 7 caballerías mayores y 30 menores),
Berberana, etc.
En Balluerca, en Tudela
(Valle de Mena )“ dos arrieros de 15 en 15 días venían
de Bilbao” con varias caballerías.
Un caso muy especial
representa Poza de la Sal: Con sus 500 vecinos constituía
la más poblada del norte de Burgos, seguida por Espinosa
de los Monteros con casi 300 y Medina de Pomar que rondaba los 200
vecinos. En Poza de la Sal había 58 arrieros, 20 que hacían
la ruta ”de Bilbao a Madrid”.
EN LOSA
En Salinas de Rosío, 2 trajineros.
Junta del Río Sería, 2 trajineros, con 5 caballerías
mayores.
En Castrobarto, 2 trajineros que conducen trigo desde este lugar
y desde otros a Valmaseda.
EN CUESTA URRIA
En Valdelacuesta, uno con tres pollinos.
En Nofuentes, un arriero con 8 machos, un trajinero con machos y
tres pollinos.
En Quintanilla Montecabezas, un arriero con 8 machos, dos trajineros
con 4 machos cada uno.
En Villamagrín, un arriero con 4 caballerías mayores
y un trajinero con una mayor.
En Arroyuelo, 3 arrieros, con 6 machos, tres mulas y 2 pollinos
En Mijangos, 1 arriero y trajinero con tres mulas que va “
de la Rioja a la Montaña”.
En Trespaderne, 3 arrieros, con un total de 15 machos y un pollino.
En Palazuelos, uno con 2 machos.
En Cillaperlata no citan a los que son arrieros pero aseguran “algunos
se ocupan de ir a los puertos”. Por otra parte se puede calcular
en más de 500 las caballerías que acudían a
las ferias de Medina en el siglo XVI.
Sobre la actividad de estos arrieros se apoyará
en gran parte el comercio castellano hacia las regiones del Norte.
La comarca Merindades será la plataforma mercantil de redistribución,
creando a su vez en ellas centros comerciales como Medina, Frías
o Villarcayo.
Las Merindades fueron tierras de mulateros
y mercaderes que hasta el siglo XIX consistió en acémilas
y caballerías en general. La trayectoria serán los
puertos cantábricos con las villas castellanas y de la Rioja,
con Tierra de Campos, etc.
Domingo Marañón (Fresnedo), que
es trajinero, con 4 pollinos y un machuelo,”va al transporte
de vino a Rioja”.Manuel García (Fresnedo), también
trajinero tenía 4 caballerías y se dedica a “la
sardina”.
En Escaño hay un arriero con 4 caballerías
y una mula “que va a la Rioja” Juan Marañón
(Otedo), “va la Costa del Mar” y de Rioja a la Montaña”,con
4 caballos y 4 mulos
En Villanueva la Lastra había tres arrieros: Agustín
de Rueda con tres machos, un caballo y 5 pollinos, Domingo García
con dos caballos, Santiago López Negrete con dos caballerías
En Moneo, en el camino de la Horadada: Francisco Carrillo, labrador
y arriero, Juan Rodríguez, labrador y arriero, Angel Carrillo,
arriero. Juan López Vaillo. arriero, Agustín Villarías,
arriero. Igualmente su criado es arriero. Manuel de Villarías,
arriero; Baltasar Alonso de Celada, arriero.
En Villalta :Miguel de Ojar con su hijo, labradores y arrieros.
Marcos Alonso y su hijo, labradores y arrieros.
Matías de la Calle, labrador y arriero.
José García, labrador y trajinero.
Pesadas: Junto a 5 tejedores, tres sastres y
un herrero.
Manuel Fernández, arriero.
Carlos Fernández, arriero.
Carlos Alonso, arriero, con 8 machos.
Antonio Alonso, arriero.
Antonio Gordo, labrador y trajinero con dos pollinos.
Santiago Gordo, hijo, con dos pollinos.
Tomás del Río, trajinero.
Bartolomé del Río, trajinero, un pollino.
Mijangos: Esteban González, arriero y
trajinero con tres machos y va “desde Rioja a la Montaña”.
Hornillayuso: Miguel López Borricón,
arriero con 10 machos. Francisco López Borricón, con
7 machos, “va de Bilbao a Tordesillas”.
Trespaderne: Afirma un vecino:“tengo
5 machos medianos para transitar de Bilbao y otros puertos a los
de Castilla y hago al año 12 viajes”.
Su comercio es de productos básicos.
Era ruta de vino, cebada, harina, carbón, cañas, madera,
brea, sardina, sal…Como recuerdo nos queda el Alfolí
de Medina de Pomar y los sótanos del edificio donde está
emplazada la Fonda Baranda de Villarcayo, en donde había
un molino de sal y sus depósitos de almacenamiento. Los arrieros
de Valpuesta traerían el vino de Rioja y al trasporte de
sal desde Salinas de Añana a Bilbao. Salinas de Añana
era el principal proveedor de Bizkaia, aunque también la
abastecían de Cabezón de la Sal (Cantabria), Salinas
de Rosío (Burgos) e incluso desde Poza de Sal (Burgos).
La profesión de arriero corría
grandes riesgos. Hay que tener en cuenta de que se pagaba al contado.
Por ello llevaban consigo el dinero de la compra o de la venta y
con frecuencia eran objeto de atracos durante el camino. Por ello
eran recelosos y desconfiados y al menor gesto sacaban la navaja.
b) JUEGOS POPULARES.
Año 1979. Juego
de bolos a tres tablones en un pueblo norteño.
El jugar constituye una necesidad. El juego
agudiza el ingenio y estimula el cuerpo, crea compañerismo
y con ello amigos. Por supuesto que han cambiado mucho los hábitos
y juegos en los niños como en los mayores. Los más
corrientes eran estos:
La baraja. A la una saltaba la mula. El marro. El escondite. La
trompa o peonza. La moña o muñeca. La tuta. Las tabas.
Los bolos. Las chapas. Las canicas. A guardias y ladrones. Tirabeque.
La trompa. La comba o soga. Al corro (con cantos). Al Yo-Yo. La
gallina ciega. Veo-Veo.
BOLOS A TRES TABLONES
Esta modalidad estaba ampliamente implantada
en el norte burgalés. Cada escuela de los pueblos tenía
al lado un juego de bolos La bolera de unos 26 metros de larga por
6 de ancha. Sobre los tres tablones o “cureñas”
se colocan los nueve bolos colocando el “mico” solo
a más distancia.
Se tiran dos veces, con las mismas bolas “para arriba”
y para “abajo”. Si la bola no ha sobrepasado la altura
del mico se denomina “morra” y no tira “a birlar
o para abajo”. Si “para arriba” tira directamente
sobre el “mico” se denomina “calva”. Sigue
jugándose en las fiestas y campeonatos. Hay otra modalidad
que se denomina “pasabolo”.
Año 1979. Juego de bolos a tres tablones en un pueblo norteño
c) LA MATANZA
En una casa de labranza, además del
día de la fiesta del pueblo, había otros dos días
que por distinto motivo era esperado por todos sobre todo por los
pequeños. Uno era el primer día de trilla, el otro
la matanza del chon, chino o cerdo. La cría o matanza del
cerdo era un medio de subsistencia familiar. Los gorrines o gorrinos
pequeños, ya con dos meses de vida, se vendían a buen
precio. El resto se dedicaban mediante la matanza a la alimentación
familiar durante todo el año.
La víspera de la matanza se preparaban
los helechos para chamuscar al chon, un banco bajo para tumbarle,
y por supuesto se le pesaba con la romana. Su resultado se contabilizaba
en arrobas que equivalían cada una a 11,502 kilos. Debido
a la fuerza del cerdo se necesita tres o cuatro hombres para tumbarle.
Se dispone de un gancho especial y varios cuchillos de buen tamaño.
La sangre era necesaria para elaborar las morcillas.
A continuación, cubierto por los helechos
se le prende fuego. Se le corta el rabo, se le quitan las pezuñas
y se le abre en canal y, da comienzo el despiece del cerdo: lomos,
solomillos, jamón, perniles, etc.
En la elaboración de las morcillas y
chorizos cada ama de casa tenía sus secretos. Ese día,
aunque los familiares y vecinas le ayudaban, la propietaria imponía
sus recetas en cuanto a la cantidad y calidad del pimentón,
cebolla, perejil, sal, etc.
Los perniles se introducían en un tronco
de olmo hueco y con abundante sal. Allí permanecían
hasta que según las necesidades familiares se iban colocando
en lo alto de la cocina, que como era “de campana” se
ahumaban y se curaban y se iban consumiendo ya por medio del puchero
o para torreznos.
Los chorizos, unos se curaban colgados en sartas
en la cocina, otros se introducían en un barreño en
abundante aceite, lo que se denominaba “chorizos en manteca”.También
se aprovechaba muy bien la asadurilla.
Al domingo siguiente se comía el “panzo”
y se solía invitar a los familiares. El “panzo”
era el estómago del cerdo completamente lleno con otros aditamentos.
d) LOS MOLINOS
Es posible que los molinos ya existiesen en los siglos VIII o IX.
Naturalmente solamente podían embarcarse en su construcción,
cauce, presa, y rueda, los pudientes, los nobles y más tarde
los monasterios o reyes. En el siglo XVIII eran indispensables para
triturar el maíz, trigo, cebada, etc.
La pieza fundamental la constituían
las muelas. La rueda blanca se empleaba para moler trigo y la morena
para moler pienso.
En esta zona siempre se trata de molinos hidráulicos
que transforma la energía del agua en un movimiento rotatorio,
que por contacto de dos ruedas convierte el cereal en harina.
En Espinosa de los Monteros había 14 molinos, en Quisicedo
5, en Poza de la Sal 5, en Cornejo 3, en Torme 3, en Escaño
y Loma con 3. En Valdenoceda hubo una fábrica de harinas
de 7 ruedas que podía moler hasta 50.000 fanegas al año.
Solamente en el Valle de Angulo (Mena), aseguran
que tienen 3 molinos y 2 aceñas, y en Horna (Villarcayo)
uno de aire. La aceña se suele emplear en arroyos de poco
agua y la rueda la tienen horizontal.
A veces el molino pertenecía al concejo
y por turno molían por días todos los vecinos.
Normalmente el molinero cobraba un diez por ciento, lo que se denominaba
la maquila. Algunos molinos disponían de varias ruedas. Por
ejemplo: El de Urria 3, el de Paralacuesta 3, Quintana (Valdivielso)
3, los de Escaño y Cigüenza 2 cada uno.
e) LA TRILLA
El trillo es una plataforma hecha con tablas
roble o pino, con tres palos transversales, clavados por la parte
de arriba. La zona delantera está algo curvada y tiene una
anilla de hierro. Por abajo lleva muchas piedrecitas de pedernal
incrustadas en unos agujeros que tiene le madera.
El trillo se utilizaba para separar el grano de la paja de la cebada,
la avena, el centeno, el trigo, los garbanzos y las algarrobas.
Una vez arada la tierra se sembraba a voleo
durante la sementera y, una vez crecido, se sallaba y resallaba.
Cuando estaban secos se segaban a mano con
la hoz o con el dallo. Se trasportaban en carros tirados por una
pareja de bueyes o vacas y se hacinaba junto a la era. Al carro
de llanta de hierro con sus ejes también de hierro, se le
añadía una rabera para que tuviese más cabida,
y con su tentemozo y varal era tirado por la pareja uncida con un
yugo con sus fronteras, y coyundas.
La mies se extendía en la parva en las
eras aprovechando el buen tiempo, y las parejas de bueyes o vacas
o bien las yeguas o mulas unidas por un camizo al trillo iban dando
vueltas por encima del cereal hasta que estuviese bien trillado,
es decir, separada la paja del grano.
Los trillos eran unas especies de trineos de
tablas, incrustadas de pedernal, arrastrados por burros, mulas,
bueyes o vacas por encima de las mieses, en las eras, para separar
la paja del grano.
Una persona se sentaba en una banqueta encima
del trillo, animando a los animales “¡ven Majo, ven!”,
“Pardo, ¡tira!”…. Naturalmente, los tacos
malsonantes eran frecuentes. O bien se cantaba para soportar la
monotonía pero muy atento para que los bueyes no se hiciesen
“caca” encima de la mies, para lo cual había
que tener una pala preparada de madera y estar atentos para recoger
las moñigas en la pala.
Después se atropaba la mies con rastrillos,
y se barría la era con escobas de brezo.Tras la comida seguía
la breve siesta a la sombra de algún olmo cercano. Como abundaban
las moscas, se cubrían la cara con la boina. Sobre las cuatro
de la tarde solía salir el cierzo y con pala de madera se
echaba la mies a lo alto. Así el viento separaba la mies
de la paja. Sobre la hora de las cinco de la tarde se hacía
un breve descanso y “se echaban las cinco”, como a las
diez de la mañana se “echaban las diez”.
Consistián en la merienda el primero
y el almuerzo (desayuno) el segundo. En el almuerzo no faltaban
los huevos fritos y, por supuesto, los torreznos. La merienda se
solía hacer a base de escabeches. Lo que nunca faltaba era
el porrón de vino que se bebía a “gallete”
y, por supuesto, la barrila que acompañaba durante todo el
día.
El trigo después de cribado a mano para
dejarlo limpio, se subía en costales a las trojes y la paja
en “salinos” se guardaba en el pajar. El trigo se transportaba
al molino más próximo a lomos de caballerías
para obtener la harina que se empleaba para los animales y, sobre
todo, para la elaboración del pan.
Hacia 1940, aparece la beldadota. Se trataba
de una máquina que por medio de una rueda a mano aventaba
la paja separándola del trigo. Las granzas, paja gruesa,
se expulsaba por otro conducto. En ella y sobre su bombo delante
de la tolva con aparatosas letras se leía: “Ajuria
(Vitoria)”.
Por esas mismas fechas existían los
pupitres de madera en las escuelas, Disponían de unos tinteros
que había que llenarlos diariamente y que a pesar de disponer
de una tapadera metálica en la que estaba incrustada la palabra
Apellániz (Vitoria) siempre estaban llenos de moscas o tizas.
Hacia el año 1948 apareció el bolígrafo. Se
le consideraba de poca categoría y que deformaba la letra
y, por ello, en las clases, los dictados, que solían ser
de textos del Quijote, era obligatorio realizarlos con plumilla.
Se usaba la pizarra particular con su pizarrín que cada uno
llevaba a su casa.
En Valpuesta había un horno. Se calentaba
con leña y después de amasar en la artesa con su levadura
la harina y habiéndoles dado forma, se introducía,
ayudados por una pala de madera, en el horno bien caliente. De allí
salían las hogazas y tortas. Por Pascua los padrinos regalaban
a sus ahijados una roca, es decir una torta con huevos y chorizo
en su interior. En los valles de Losa y Mena casi todas las casas
disponían de horno propio y caballeriza.
El pajar solía estar encima de las cuadras
del ganado vacuno y por una trampilla se iba dejando caer la paja
a la “ pajera” desde donde se le distribuía diariamente
a los pesebres de los animales. Cerca de las cuadras estaban los
“nidales” en donde las gallinas depositaban los huevos.
El cogerlos, así como el subir agua de la fuente y manejar
el hachuelo para cortar la leña, era tarea de los niños
al volver de la escuela.
Las cuadras de los cerdos solían estar
debajo de las habitaciones de los moradores de las casas. Todas
las tablas eran de roble, así como las vigas. Cuando se construía
una casa o se reformaba, ayudaban todos los vecinos. A falta de
calefacción se calentaba la casa con una amplia cocina de
campana en la que colgaba un “Llar” para amarrar el
caldero de comida para los animales.
Por supuesto que en ninguna casa faltaba el
perro guardián y algunos gatos, El perro ladraba al menor
síntoma de persona extraña y solía tener su
guarida junto al portón, cerrado por un enorme cerrojo o
por una “tranca” en la puerta.
Los perros hacían una gran labor puesto
que era corriente la llegada de gitanas, sobre todo durante la trilla
ofreciendo las cestas de mimbres, y se les iban los ojos “tras
de las gallinas”. También venían durante la
trilla componedores, trilleros, tratantes y sastres ofreciendo sus
servicios a las eras.
f) LAS CAMPANAS.
Era el único medio de comunicación.
La vida, tanto individual como colectiva se acompañaba al
tañido de las campanas. Ellas con sus toques bien conocidos
por sus oyentes informaban de todos los acontecimientos tanto de
alegría como de tristeza.
Había toques especiales para llamar a
concejo, a la oración, a muerto a arrebato, a fiesta, a tentenublo,
a Gloria, a quema, al Angelus…También había
varias especialidades: voltear, volear, tornear, bandear, o repicar
y además cada campanero suele imprimir su estilo y estado
de ánimo.
El tener un campanario elevado era un síntoma
de orgullo para sus habitantes. De ahí viene refiriéndose
a una visión excesivamente localista la frase” política
de campanario” o “espíritu de campanario”.
Muchas ciudades se reconocen por la siluetas
de sus torres, recortándose en el cielo
g) EL OLMO
Ulmus, nombre dado por los romanos a
este árbol. Muy extendido por Europa y España.
En Valpuesta había varios cientos en los bordes de los caminos,
en las eras, o surcando las fincas o rodillos. Sin embargo la grafiosis,
enfermedad que le aqueja desde hace unas décadas, ha hecho
estragos.
La grafiosis está producida por
un hongo y dio comienzo hacia 1919 en los olmos holandeses y por
los años 30 llegó a España y hacia los 60 reapareció
con especial virulencia originando la muerte de millones de árboles.Estos
hongos están asociados de siempre al olmo donde viven y se
reproducen. La grafiosis es tratada con fungicidas pero frenar su
avance resulta costoso.
El crecimiento del olmo es rápido, ralentizándose
en los más antiguos que pueden alcanzar una larga longevidad.
El color de su madera es marrón
pálido un tanto rojiza, con anillos de desarrollo muy marcados
que le otorgan gran belleza las fibras entrelazadas le dan gran
consistencia y lo hacen muy difícil de hender.
Es muy resistente
a la humedad, por ello se emplea en la fabricación de barcos
pesqueros, bolos, puentes, y esculturas. Además, hueco puede
servir como dujo para las colmenas o para guardar en sal los perniles
de la matanza.