Nos imaginamos un pueblo muy religioso, en el
que la influencia de Cabildo con todo lo que conllevaba: frecuente
contacto con los canónigos, visitas de otras autoridades
eclesiásticas… dejarían su pose.
Por otra parte las ceremonias religiosas serían
solemnísimas. En el siglo XVIII aún había 19
canónigos. Todo ello unido al marco de su lujosa Colegiata.
Suponemos una religiosidad basada en prácticas:
misa dominical muy solemne en la que cada persona tenía su
lugar: Los niños acudían desde la escuela, en fila,
acompañados por el maestro y presididos por una Cruz, para
colocarse en los primeros bancos de la Iglesia. Las mujeres bien
arropadas, y con velo (en caso contrario recibían un aviso
del celebrante a través del monaguillo), colocadas en su
reclinatorio sobre la tumba de sus antepasados. Los hombres maduros
debajo y los mozos en el coro.
La misa en latín y de espaldas al público
duraba aproximadamente una hora comprendiendo un largo sermón
desde el púlpito. El cielo y el infierno eran los temas más
corrientes, así como la devoción a los Santos, a Cristo
y sobre todo a la Virgen Santa María. Muchos nombres de pila
se denominaban así.
El flamante órgano amenizaría
las ceremonias Los sacerdotes, Canónigos en el caso de Valpuesta,
vestidos de sotana, amito, alba, cíngulo, manípulo
y casulla. (La casulla del color correspondiente, es decir, de color
negro cuando se trataba de funerales, blanco de la Virgen María,
rojo de un mártir, verde en Pentecostés…) En
las Procesiones o Rogativas se usaba la capa pluvial (de pluvia
).
Por Semana Santa tenían lugar las Misiones.
Durante tres días unos religiosos con buena voz y oratoria
en largos sermones les recordaban los temas religiosos con más
profundidad. Terminado el tríduo se confesaban y, como consta
en los libros parroquiales denominados “statu animarum”,
“cumplían todos”. En la primera mitad del siglo
XX era costumbre que viniesen los frailes de Angosto o del Espino,
ya que hemos de tener en cuenta que en Angosto se establecieron
los Pasionistas hacia 1.883. En cuanto al Espino, en principio estuvo
habitado por Padres Benedictinos y posteriormente por los Padres
Redentoristas. Hay una cosa clara:La gran devoción de la
Comarca a la Virgen y,desde luego, los habitantes de Valpuesta estuvieron
a la cabeza.
En el año de 1764 el sermón del
Descendimiento y Resurrección lo realizan los religiosos
de San Bartolomé de Santa Gadea.
También tuvieron relación con
el Cabildo y religiosos premostratenses del convento de Santa María
de Bujedo, por lo menos en lo referente a la contribución
de los diezmos.
a) DONACIONES
Una manera de cumplir la penitencia y asegurarse
la vida futura eran las donaciones
En la Edad Media eran más egoístas, donaban “pro
animae mae et parentum meorum”. Avanzando el tiempo las donaciones
de las gentes de Valpuesta y alrededores supieron comprender que
los centros religiosos eran además centros asistenciales,
es decir, en donde se ejercitaba la caridad como algo corriente
y legislado. De ahí que existiese un Hospital.
Por supuesto que abonaban religiosamente los
diezmos y primicias. Una preocupación en las donaciones es
la iluminación de los altares como muestra del grado de religiosidad.
Querían aquellas gentes de Valpuesta contribuir a dar mayor
solemnidad y realce a las funciones religiosas. Eran conscientes
de que las velas, cirios, hachones y luz en general eran componentes
importantes de la liturgia por su simbolismo espiritual.
Además de la Misa dominical, Misiones,
rosario diario al anochecer, rogativas... también participaban
en el sentido religioso por medio de las Cofradías Religiosas.
b) COFRADIAS.
En el siglo XVIII ya existía la
Cofradía del Rosario. Más tarde hubo otra la de la
Vera Cruz. En ese ambiente religioso también existió
la Obra Pía de huérfanas que fundó Rodrigo
Martínez.
En prácticamente todos los pueblos hubo Cofradías
religiosas: En San Martín de Losa pagaban al cura 17 reales
por la misa votiva del día de San Fernando por “el
conjuro del gusano y rociar los campos”.
Los cofrades, prácticamente lo
eran todos los de la villa, aportaban una cuota. El importe total
se dedicaba a gastos de luminaria (velas, hachas ), coste del manto
de la Virgen y un aperitivo el día de la Patrona. Esta colación
solía consistir en vino y escabeche.
Las Cofradías como símbolo
de religiosidad estuvieron muy generalizadas. El Obispo de Santander
suprimió una Cofradía en Balmaceda porque se “excedían
el día de la Patrona”.
Por otra parte, también las recomendaciones
de los Obispos estaban en consonancia con la época. En el
año 1729, con motivo de la visita que realiza al norte de
Burgos, el Ilustrísimo Sr. Dr. Samaniego y Jaca, Arzobispo
de Burgos, ordena que “se advierta a los feligreses los castigos
que Dios ha hecho en todo tiempo contra los quebrantadores de las
fiestas a cuyo pecado deben atribuirse las malas cosechas”.
Carro. Con rabera,
tentemozo, llantas de hierro y tiro.
Y añade “que los sacerdotes
no entren a las tabernas”, por el mal ejemplo. Y amenaza con
la Excomunión a los sacerdotes que no lean las normas, que
él deja con motivo de la visita, por lo menos en el ofertorio
de tres días de fiesta. Y añade, que no se case “sin
permiso especial “a los novios que hayan entrado anteriormente
a la boda, a la casa de su pareja”.
Suponemos una Valpuesta muy religiosa,
agrícola y ganadera y muy familar. Los niños no salían
del pueblo para estudiar. En los veranos se trabajaba” al
tope”. Se madrugaba con el amanecer. La primera visita era
al aparador. Los hombres a la botella de orujo y algunas mujeres
al albillo. Se uncía el carro y andando poco a poco a las
fincas.
En invierno, puesto
que no se podía trabajar en el campo, se dedicaban más
al ganado; se jugaba mucho a las cartas; se limpiaban las lentejas,
garbanzos, yeros, titos…, y se hacían astillas para
todo el año. Todo se realizaba en común, en familia.