5
de noviembre de 2006
El español: Una potencia de de 440 millones de hablantes. La globalización, las
corrientes migratorias e Internet consolidan el vigor del español
en el mundo
Miguel Angel Noceda - Madrid
El español es la cuarta lengua con
mayor peso demográfico del mundo, con casi 439 millones de
hablantes. Es el idioma oficial de 21 países; y de los lugares
donde no lo es, destaca Estados Unidos, donde lo hablan alrededor
de 36 millones de personas. Según recientes estudios, el
número de hablantes nativos de español seguirá
creciendo en las próximas décadas más deprisa
que el chino, francés, inglés y ruso (aunque menos
que el árabe). Su salud es pues vigorosa, y sin embargo el
español debe afrontar distintos desafíos: debe potenciarse
su estudio como segunda lengua, reforzarse como herramienta en la
diplomacia y en los negocios, crecer en las comunicaciones científicas
y consolidarse en la Red.
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Sede del Instituto
Cervantes, en Madrid.
LUIS MAGÁN
El español es el idioma común
que nos desune". Tenía toda la razón el escritor
chileno Jorge Edwards cuando se quejaba en una época pasada,
aunque no muy lejana, de la exigencia de algunas editoriales españolas
de traducir al español las novelas de autores latinoamericanos...
¡en español! Se pretendía sustituir vocablos
perfectamente españoles, pero en desuso en España,
por otros que sí se utilizaban en la madre patria. Un disparate
impensable en estas fechas en las que el español vive uno
de los mejores momentos de su historia, lo hablan más de
440 millones de personas y es idioma oficial en 21 países,
asentándose además en Estados Unidos y Brasil. Expertos,
académicos y gobernantes han tomado conciencia del valor
cultural y económico que tiene como lengua y de la rentabilidad
social que le puede sacar en el mundo de habla hispana.
Son, desde luego, magníficas noticias
después de tantos años de soledad del español,
cuya vitalidad quedó patente en los encuentros de hace unos
días en San Millán de la Cogolla y Montevideo, donde
precisamente se celebra este fin de semana la Cumbre Iberoamericana.
La cita de Edwards lleva camino, por tanto, de pasar a la historia
de frases célebres, mientras el idioma cobra estatura desde
una vertiente económica, gracias a la globalización,
las corrientes migratorias a España y Estados Unidos y el
empuje de Internet.
De
los cuatro millones de inmigrantes en España, el
40% son de países que hablan español
Aunque resulta prácticamente imposible
cuantificar el valor económico de una lengua, el profesor
Ángel Martín Municio se atrevió a situarlo
en el 15% del PIB de España, sumando todas las actividades
relacionadas con la lengua. Estamos hablando de 150.000 millones
de euros. Pero, sea real o aproximado ese cálculo, el valor
económico se refleja en hechos intangibles: facilita la integración
social y laboral de los emigrantes que recalan en países
que hablan su idioma (España, principalmente) o lo tienen
muy desarrollado (EE UU); en las remesas que esos emigrantes envían
a sus países; en las posibilidades de entablar relaciones
comerciales; en las solicitudes de aprendizaje del idioma; en el
desarrollo en la Red que permite su difusión...
El
uso del español en Internet no llega al 3% frente
al 69% del inglés y el 6% del alemán
Un ramillete de ventajas. El presidente, José
Luis Rodríguez Zapatero, que se trasladó a San Millán,
calificó el español como "sinónimo de
prosperidad". Pero si quiere que de verdad "los beneficios
del español sean compartidos por todos" y lleguen "especialmente
a los que más los necesiten", debe tomar nota de las
conclusiones de San Millán y Montevideo, donde, con formatos
muy distintos, se produjo una tormenta de ideas y propósitos
que reflejan que, además de ventajas, hay muchas carencias
e inconvenientes en el universo del español.
Antes de detenerse en los pros y contras del
español, es preciso fijar la situación actual del
idioma. En la Cartografía Demolingüística del
Español, presentada en Montevideo, los profesores Francisco
Moreno y Jaime Otero ofrecen unas cuantas evidencias: es la cuarta
lengua con mayor peso demográfico del mundo, con casi 439
millones de personas, entre hablantes nativos, no nativos y aprendices
de la lengua, y la segunda como instrumento de comunicación,
tras el inglés; de ellos, 359 millones son del denominado
"dominio hispánico", es decir, personas que lo
tienen como idioma oficial (por encima de los 40 millones en España)
en un total de 21 países (19 americanos, Guinea Ecuatorial
y España); otros 40,5 millones lo hablan en países
donde no es lengua oficial; en el mapa del español fuera
de ese dominio sobresale Estados Unidos, donde se concentran alrededor
de 36 millones de hispanohablantes nativos (emigrantes); el grupo
de hablantes no nativos de español ronda los 23 millones
que lo tienen como segunda lengua, lengua extranjera o son usuarios
de mezclas bilingües; el crecimiento del español es
continuo y muestra una tendencia a su estabilización en países
donde es oficial (en los últimos ocho años, el número
de hispanohablantes creció el 9,8%, de 327 a 359 millones);
el número de hablantes nativos de español seguirá
creciendo en las próximas décadas más deprisa
que el chino, francés, inglés y ruso, aunque menos
que el árabe, y en 2020 será de 431 millones.
"Una
lengua tiene valor económico si lo tienen las economías
de los países que la hablan"
A ello hay que añadir la homogeneidad
de los hispanohablantes: el 96% de los habitantes de los países
donde es oficial tienen dominio nativo de la lengua frente al 78%
del árabe, 69% del chino, 62% del ruso, 33% del francés
y 25% del inglés. Este análisis comparativo muestra
la enorme difusión del inglés como segunda lengua
o lengua franca en muchos países donde no es oficial. En
definitiva, según los profesores, "el español
goza de buena salud demográfica y seguirá contando
entre las lenguas más habladas del planeta, con un marcado
protagonismo en el continente americano; sin embargo, las proyecciones
indican que el reto estriba no tanto en un crecimiento demográfico
que tiende a estabilizarse como en la difusión de su uso
como segunda lengua o lengua extranjera".
El crecimiento del español, por otra
parte, se ha producido de forma natural, sin que haya intervenido
hasta la fecha ninguna política oficial, que es ahora cuando
empieza a despertar. Ante ese panorama se echa en falta, precisamente,
la presencia de Israel y Filipinas, dos países que, por distintos
motivos, tuvieron un alto índice de hispanohablantes y en
los que ahora la continuidad está totalmente descuidada.
No obstante, en ambos se mantiene un reducido puñado de supervivientes.
No es extraño que desde San Millán se pidiera una
política más activa para recuperar la lengua allí
donde fue dominante, además de las reclamaciones para que
se fomente como segunda lengua franca, como hizo el profesor José
Luis García Delgado en Montevideo.
En las conclusiones de San Millán, trazadas
bajo el esquema DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades),
los expertos coinciden en la necesidad de emprender reformas profundas
en la legislación y en las instituciones de los países
de la comunidad iberoamericana (se incluye el portugués)
para promover el crecimiento económico, la reducción
de las desigualdades y el acceso a la sociedad y a la educación
de la población. Según Rogelio Velasco, catedrático
de Economía de la Universidad de Granada que hizo de portavoz,
"una lengua tiene importancia desde el punto de vista económico
si la tienen las economías de los países que la hablan".
Decía Enrique Iglesias, secretario general
iberoamericano, en Montevideo que "el idioma es el lubricante
que facilita las relaciones económicas"; pero si no
hay una estrategia conjunta de los países que lo hablan,
no sirve de nada. Aparecen las debilidades y las amenazas, que suelen
tener un tronco común. Una de ellas es que existe un exceso
de autocomplacencia por el elevado número de hispanohablantes
que hacen que las autoridades se miren el ombligo. "No nos
acabamos de creer que el español es una herramienta importante
para los negocios, la diplomacia y las relaciones académicas
internacionales", según las conclusiones de San Millán.
Para que el español sea una lengua de
influencia en la divulgación de conocimiento científico
y en los principales ámbitos del poder político y
económico, es preciso institucionalizarlo como lengua de
uso común por parte de los representantes de los organismos
de los países hispanohablantes en sus comparecencias internacionales.
En ese sentido, se dan "unas circunstancias óptimas
para dar el salto cualitativo y convertirse en una lengua de influencia
en la diplomacia, el intercambio científico y las relaciones
económicas", sostiene Velasco.
Sin embargo, el dominio del inglés es
casi total en divulgaciones científicas (entre 80% y 90%
de la producción total), y se acerca al 80% en ciencias sociales
y humanidades, que en español, francés y portugués
suman el 12% y el 18%. España es el quinto exportador de
libros mundial tras Reino Unido, EE UU, Alemania y China. El 61%
de las exportaciones se dirige a la UE, el 27% a América
Latina y un 5% a EE UU.
Asimismo, destaca la escasa presencia del español
en la Red, menos del 3% frente al 69% del inglés. Llama la
atención que el alemán, hablado por un centenar de
millones, se acerca al 6%. Una debilidad que va asociada a la falta
de divulgaciones de carácter científico y económico
en español (entre el 80% y el 90% se hace en inglés).
Aunque el área hispanohablante ha avanzado en el desarrollo
de la sociedad de la información, se ha podido comprobar
tanto la situación de retraso relativo en que sigue instalada
como las diferencias entre los países latinoamericanos frente
al inglés, que tiene un dominio absoluto aunque haya perdido
terreno con el chino y el hindi, según el análisis
de Cipriano Quirós.
Actualmente, se pueden encontrar 81 millones
de páginas electrónicas en el dominio del español,
lo que supone una por cada cinco habitantes. España proporciona
el 45% de las páginas escritas en español. El análisis
vincula claramente la presencia del castellano en Internet con el
estadio en que se encuentra la Sociedad de la Información
en esos países. El español junto al francés
y frente al inglés muestra un estancamiento en la Red. "El
predominio tecnológico que poseen unos pocos países
y áreas lingüísticas puede poner en peligro el
uso de otras lenguas", según dijo el profesor Juan José
Durán en San Millán. Y es que el 90% de los idiomas
actuales no están incorporados a Internet. Existen, además,
pocas redes profesionales de cooperación a pesar de los esfuerzos
de las academias y las bibliotecas. No existe un buscador de calidad
en español. En definitiva, una inferioridad manifiesta. "Quizá
hemos perdido ya el tren", asegura la consultora Milagros del
Corral, ex subdirectora de la Unesco.
Una de las razones que explica el limitado acceso
a la Red es la pobreza de muchos de los países del área
hispanohablante y, como consecuencia, la fuerte emigración,
principalmente en el área hispana. Este fenómeno tiene
una fácil explicación, según el catedrático
José Antonio Alonso: "La lengua es un factor en la selección
de destino, ya que reduce costes e incertidumbres y facilita la
integración en el mercado de trabajo". De los cerca
de cuatro millones de inmigrantes registrados en España,
el 40% proviene de países con el español como lengua
propia.
Esa ventaja del idioma en la emigración,
que según Alonso multiplica por cuatro la elección
de España como país de destino, genera también
beneficios para el país receptor, como se puede ver en la
aportación al PIB español. Para los países
emisores, sin embargo, puede generar la fuga de cerebros, aunque
ésta se produce más cuando la emigración se
debe a motivos políticos (caso de algunos países latinoamericanos)
que económicos, como ocurre en la actualidad.
Pero el crecimiento económico en algunos
territorios permite ser optimistas y lo que en principio son debilidades
y amenazas se convierten en oportunidades y fortalezas. Es el caso
de Estados Unidos, a pesar del english only, y Brasil, donde la
lengua de Cervantes se ha instaurado como enseñanza obligatoria.
Otra manifestación clara del potencial del español
es el aumento de programas de radio o televisión y, sobre
todo, de la publicidad dirigida al público hispano.
La expansión de las empresas españolas
marca otro hito. España es hoy cuna de varias multinacionales,
muchas de ellas líderes en sus respectivos sectores (bancario,
telecomunicaciones, construcción, alimentario...), que se
han instalado en otros países (268 empresas españolas
tienen al menos una filial en el exterior). "La no necesidad
de traducir contratos, especificaciones tecnológicas, mensajes
publicitarios y atributos de los productos así como la mejor
comprensión de las relaciones institucionales reduce los
costes retran-sacción", apunta Durán, que añade:
"El poder utilizarse como lengua funcional en la gestión
de filiales en países no sólo hispanos acrecienta
el valor económico y comercial del idioma". El problema
radica en que muchas veces se pliegan a la dictadura del inglés
y lo adaptan en las comunicaciones internas. Por si acaso, el presidente
de Telefónica, César Alierta, enfatizó su español
de Aragón en la reunión que tuvo a finales de octubre
con 1.500 directivos, de los que el 40% no era español. "Faltaría
más. Hay que dejar de ser paletos", señala un
portavoz.
Un idioma redondo El interés por el español es cada vez mayor,
como lo demuestran las numerosas iniciativas públicas y privadas
que genera. Ahí están recientemente el I Acta Internacional
de la Lengua Española, celebrado en San Millán de
la Cogolla, y el seminario El valor económico del español,
una empresa multinacional, que ha tenido lugar en Montevideo. Pero
se plasma también en las actuaciones del Instituto Cervantes,
que ha cumplido 15 años estrenando sede en Madrid (edificio
que Antonio Palacios construyó en 1918 para el Banco Español
del Río de la Plata) y publicando la Enciclopedia del español
en el mundo; en las propuestas de la Fundación Carolina,
o en el impulso que los Gobiernos central y de Cantabria están
dando al campus de Comillas para crear en esta localidad un centro
de estudios superiores del castellano que puede cubrir la carencia
en la preparación de profesores de español.
Quizá se eche de menos un número
mayor de experiencias iberoamericanas. De ahí deriva, acaso,
la crítica de que España ha dejado su tradicional
paternalismo para centrar sus políticas con Latinoamérica
en términos de mercado cautivo y arrogancia.
Decía el ex presidente colombiano Belisario
Betancur que cuando los españoles descubrieron América
se comprobó que la tierra era redonda y el español
comenzó a ser redondo. De eso se trata.